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Memoria e Imaginación |
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Lo concerniente a la memoria y a la imaginación, y la
tradición del pensamiento occidental parecen están involucradas en
una menor disputa que en otros aspectos de la vida humana y animal.
Existen, como veremos, puntos de dificultad y teorías debatibles.
Pero estas surgen solo dentro del marco de trabajo de ciertos puntos
fundamentales que son ampliamente, si no universalmente,
compartidas. Aquí por lo menos podemos iniciar sin tener que lidiar
con ambigüedades verbales. A diferencia de muchas de las palabras
que fluctúan tradicionalmente de las grandes ideas, “la
memoria” y “la imaginación” tienen un sentido constante de
significado en casi todo su curso. Es entendido que la memoria y la imaginación dependen
en el sentido de la percepción o en las experiencias previas.
Excepto por las ilusiones de la memoria, no recordamos a los objetos
que nunca hemos percibido o eventos en nuestra propia vida, como
emociones y deseos, que no hemos experimentado. La imaginación no
esta limitada, en el mismo sentido, por experiencias previas,
entonces podemos imaginar cosas que nunca hemos percibido y que tal
vez no seremos capaces de experimentar. Aun cuando la imaginación supera a la percepción, se
limita a la experiencia a través de los materiales que utiliza para
su construcción. Es posible imaginar a una montaña dorada o a una
vaca morada, aunque dichos objetos nunca se hallan presentado ante
la percepción. Pero, como sugiere Hume, la posibilidad de combinar
un color familiar y una figura familiar depende de la existencia de
imágenes separadas para ser combinadas. “Cuando pensamos en una montaña dorada”, Hume
escribe, “solo juntamos dos ideas consistentes, el oro y a la montaña,
con la que nos familiarizamos con anterioridad... Todo este poder creativo de la mente solo recae en la
facultad de componer, transponer, aumentar, o cernir los materiales
adquiridos por los sentidos y por la experiencia”. Un hombre daltónico
de nacimiento que ha vivido completamente
en un mundo de grises no seria capaz de imaginar a una montaña
dorada o a una vaca morada, a pesar de ser capaz de imaginar cosas
tan irreales como estas. Por su dependencia en el sentido de la percepción, la
memoria y la imaginación son usualmente vistas como pertenecientes
a la misma facultad general como los sentidos externos. No todos los
escritores, sin embargo, conciben a un poder genérico del sentido,
el cual entonces dividen en los sentidos exteriores como la vista,
el oído y el tacto, y los sentidos interiores como la memoria y la
imaginación. Algunos, como Hobbes, tratan a la imaginación como
“nada mas que un sentido en descenso”, y el uso de la palabra
“memoria” para “expresar al deterioro, y queriendo decir que
el sentido se desvanece, se envejece y pasa”. La imagen, ya sea imagen de la memoria o imagen libre,
reproduce o representa
a un material sensorial. Puede ser menos vivido, menos preciso en su
delineado, y menos definido en detalle que la sensación o percepción
de la cual se deriva, pero en un importante aspecto la imagen no
difiere del sentido de impresión original. Este es el aspecto en el
que las ideas o conceptos difieren del sentido de la impresión
–por lo menos según aquellos que mantienen que las ideas o
conceptos tienen cierta universalidad y abstracción que no se
encuentra en las sensaciones y en las imágenes sensoriales.
Aquellos que, como Berkeley y Hume, llaman a las sensaciones o a las
imágenes “ideas” niegan la existencia de ideas abstractas o
nociones universales precisamente por que ellos, también,
concuerdan que el sentido de la impresión o las imágenes
sensoriales son siempre particulares en su contenido y en su
significado. La controversia fundamental acerca de lo que es una
idea y la confusión verbal ocasionada por la ambigüedad de las
palabras (que aparecen en el capitulo de IDEA) no parecen afectar al
entendimiento de la
naturaleza de las imágenes o su rol en las actividades de la
memoria y la imaginación. Como apunta William James, en la discusión
de las imágenes “mezcladas” o las “genéricas” que de
alguna forma se asocian con el significado de lo abstracto o
universal, “una cosa borrosa es solo una cosa particular o
precisa, el carácter genérico de ya sea una imagen borrosa o
precisa depende de su sentir con
su función representativa”. El habla de esta función como
“un plus misterioso, el significado entendido”, pero niega la
posibilidad de imágenes universales o abstractas, cualquiera que
sea la verdad acerca de las ideas que no son imágenes del todo.
Ciertamente aquellos que niegan la presencia
de cualquier cosa abstracta o universal en el entendimiento,
sobre las bases que el contenido de la mente es básicamente
sensorial, ya sea que le mente perciba o recuerde, imagine o piense. La controversia acerca de la naturaleza de la mente no
parece afectar a la concepción de la memoria o la imaginación. Al
igual que no es confundida con el sentido de la percepción, y
tampoco confundida con el pensamiento racional. Este continua siendo
el caso ya sea que la teoría de la mente vea al intelecto como una
facultad separada de la facultad sensitiva (incluyendo a la memoria
y a la imaginación), o concibe al entendimiento como una faculta
sencilla que esta activa en el juicio y razonamiento al igual que en
la percepción, recuerdo e imaginación. Rusell hace una observación importante acerca de la
contribución espacial hecha por la imaginación y la memoria al
conocimiento humano. “La esencia de la memoria”, él escribe,
“no esta constituida por la imagen, pero al tener un objeto
inmediatamente después de la mente que es reconocido como
pasado”. Sin estas imágenes de la memoria, “no deberíamos
saber que hubo un pasado, tampoco debiéramos ser capaces de
entender a la palabra “pasado”, o que
un hombre ciego de nacimiento puede entender la palabra
“luz”. A pesar de existir un juicio intuitivo de la
memoria”, juicios a los que Rusell llama auto-evidentes, “y es
con ellos, con los que todo nuestro conocimiento del pasado
depende”. Esto y otros asuntos relacionados son considerados en
el capitulo de MENTE. Excepto por un punto, tal vez, dicho punto
puede ser aquí ignorado. La sensación es atribuida al hombre y a
los animales –a todos los organismos que muestran evidencia de
tener organismos sensitivos o algún tipo de aparato sensitivo. Ya
sea si todos los animales, aun aquellos que poseen el sentido más
rudimentario, puede ser discutido si también tienen memoria o
imaginación; pero
nadie duda que los animales mayores, con un sistema nervioso central
y una estructura cerebral con parecido al humano, pueden recordar e
imaginar al igual que percibir. Todos concuerda, además, que la memoria y la
imaginación requieren de órganos corporales, al igual que la
asignación de estas dos funciones al cerebro como su lugar orgánico
y más uniformemente, como muestra más moderna que la sicología
antigua, y puede ser mas claramente explorada como el resultado de
modernas investigaciones en la neurología. Pero la interrogante si
la memoria o la imaginación del hombre y de otros animales difieren
mas que sus cuerpos, respuestas licitas opuestas de
aquellos que afirman que solo el hombre posee razonamiento y
aquellos que niegan que el hombre posee el poder de saber o pensar,
poderes no encontrados en otros animales de otro grado. Sin embargo, si solo el hombre es considerado, la
naturaleza de la memoria y imaginación se vuelve clara. El objeto
recordado o imaginado no necesita de presencia física hacia los
sentidos como el objeto percibido. El objeto imaginado no necesita
estar situado en el pasado como el objeto recordado; tampoco, para
la materia, necesita de una locación definida en el tiempo y el
espacio. No necesita de existencia. Puede ser solo una
posibilidad, a diferencia del objeto que no puede ser conocido sin
saber de su existencia. Como el objeto de la memoria es evento que
ya no existe, entonces el objeto de la imaginación puede ser alguna
cosa que nunca ha existido y nunca lo hará. A pesar de que la memoria y la imaginación
engrandecen al mundo de las experiencias humanas, novelistas como
Henry James, James Joyce, y Virginia Woolf vívidamente ilustran. La
memoria es ambas, forma y materia en Las
Remembranzas de Cosas Pasadas de Proust. “Es trabajo en vano
intenta recapturar” al pasado, él escribe. “Todos los esfuerzos
de nuestro intelecto deben probarlo furtivo. El pasado esta
escondido en algún lugar fuera de la realidad, mas allá del
alcance del intelecto, en algunas objeto material... con el cual no
tenemos conexión. Y depende del azar si nos encontramos o no con
este objeto antes de que debamos morir”. Este azar viene del
narrador de Proust en la forma de una asociación sensorial. Después
de probar “las pequeñas margaritas”, los pequeños pastelillos
que solía comer de niño, sus memorias son elevadas fuera de su
inconsciente como si se encontrara drogado. “Cuando desde una gran
distancia pasada nada subsiste”, Proust escribe, “después que
la gente muere, después de que las cosas se rompen y se esparcen,
solo el sabor y el olor, más frágiles pero más duraderos, más
insubstancial, más persistentes, más fiel, permanece vigentes por
un largo tiempo, como las almas, el recordar, esperar, y esperanzar
rondan las ruinas de todo los demás”. Dejando a un lado la dificultad de Proust para
recapturar al pasado, aun él admitiría que sin la memoria y la
imaginación, un hombre viviría en un confinado y estrecho
presente, careciente del pasado y del futuro, restringido a lo que
pase sea actual de las
casi infinitas posibilidades de ser. Sin la memoria y la imaginación, el hombre no podría
ser poeta o historiador; a menos que tuviera un intelecto angelical
que de ninguna forma dependiera en la experiencia sensorial, estaría
involucrado en todos los trabajos de la ciencia, si la memoria y la
imaginación no extendieran su alcance a sus sentidos. En el misticismo religioso, la imaginación hace el
esfuerzo para trascender la experiencia sensorial. Intenta “en
vano”, Huizinga escribe, “expresar lo incapaz dándole forma y
figura”. Por ejemplo, “La imaginación mística encontró un
impresionante concepto al añadir a la imagen del desierto, es
decir, la extensión de superficie –aquella del abismo, o extensión
de profundidad. La sensación de rigidez es añadida al sentimiento
del espacio infinito”. Huizinga comenta en “el intento
desesperanzado para surtir con imágenes y para atraer el estado de
desvalidación, que es la mera ausencia de imágenes, el cual solo
Dios puede dar”. El análisis sociológico de la memoria usualmente
esta dividido en un numero de actos separados o fases. La recolección
presupone la retención del material para ser recordado. Los
experimentos ingeniosos de Hermann Ebbinghaus que William James
reporta –usando la memorización de sílabas sin significado para
aislar al factor que influencia a la memoria—parece mostrar que la
retención es afectada por la fuerza de las asociaciones originales.
Pero la retención es también afectada por los intervalos entre el
tiempo de aprendizaje y el tiempo de revivir. La cantidad de olvido
parece ser una función de dos factores separados: la fuerza con la
cual el material puede ser recordado es originalmente comprometido
con la memoria, y el lapso de tiempo. Esa retención no es la misma como el recordar puede
ser visto por los descubrimientos experimentales de Ebbinghaus del
hecho de olvidar no siempre es completo. El material que recae bajo la memoria es retenido, y
manifiesta su presencia por
su efecto en los intentos para aprender el material que
aparentemente ha sido olvidado. Nada puede ser completamente olvidado si, como Agustín
sugiere, lo que parece ser olvidado permanece en la memoria. Él
considera el esfuerzo que hace el hombre para recordar a un nombre
olvidado. ¿Cómo podemos recordar el nombre, se pregunta, “a
menos que lo saquemos de la memoria? Aun si lo reconocemos por que
alguien mas nos lo dice, es aun nuestra propia memoria que lo hace,
por que no lo aceptamos como un nuevo
conocimiento pero acordamos que es el nombre correcto. Si el
mismo nombre fuera completamente arrancado de nuestra mente”,
Agustín argumenta, “no lo recordaríamos aunque se nos dijera”. Freud considera al olvido desde otro punto de vista.
El describe el método psicoanalítico en su totalidad como “una
cura parlante” que involucra los esfuerzos de la reminiscencia.
Las cosas que hemos puesto fuera de la memoria, él dice, están
“latentes para convertirse en conscientes, y forzados a permanecer
en el inconsciente por algún tipo de fuerza”. Él llama a esto
“represión”. Freud observo que ocurría cuando “un deseo nos
ha sido presentado, que se encontraba opuesto a otro deseo del
individuo, y no fue capaz de reconciliarse con las pretensiones éticas,
estéticas y personales de la personalidad del paciente... El fin de
esta lucha interna fue la represión de la idea que se auto
representaba ante la conciencia con forma de este deseo
irreconciliable. Este es reprimido de la conciencia u olvidado”. Con este punto de vista las cosas que hemos sacado de
nuestras mentes por encontrarlas implasenteras para contemplar, las
cosas que son reprimidas para
evitar conflicto, no son olvidadas cuando no pueden ser recordadas
conscientemente. Tampoco están por debajo del recuerdo en el sentido
en que nuestra retención ha sido debilitada por el tiempo y que
ningún esfuerzo para su recolección los puede
revivir. Por el contrario, pueden ser capaces de revivir
cuando los obstáculos emocionales de la recolección son removidos.
Freud aplica su teoría a dichas ocurrencias de todos los días como
el olvidar nombres familiares al igual que a la represión de los
recuerdos conectadas con los traumas emocionales de la vida
temprana. La recolección es distinta no solo de la retención,
sino también del reconocimiento. La ilusión conocida como deja vu consiste en una experiencia de intensa familiaridad con un
lugar o escenario que, tan lejos como podemos recordar, nunca antes
ha sido presenciado. En contaste, el reconocimiento general depende
de adquisiciones previas con el objeto de ser reconocidas de nuevo.
De hecho, notado por muchos observadores, el reconocimiento puede o
no estar acompañado por la recolección de circunstancias previas,
e indica la separación del recuerdo y reconocimiento como actos de
la memoria. Donde sea que la recolección sea recordar a través de
las imágenes, el reconocimiento consiste en recordar en cada
momento al percibir. Ambos, sin embargo, dependen de lo que parece
ser el acto fundamental de la memoria –la retención. Con respecto a la retención, existen dos problemas
que han sido objeto de encuestas a través de toda la tradición. El
primero concierne a lo que usualmente es llamado “la asociación
de ideas”. Desde Aristóteles,
a través de Hobbes y Hume, James y Freud, ha habido varias
formulaciones de las leyes de asociación y varias interpretaciones
de lo que dichas leyes significan acerca
de la mente. Ebbinghaus, por ejemplo, uso las sílabas sin
sentido para medir el efecto de retención de las asociaciones
formadas por la repetición de una serie de sonidos. Todos los
significados habían sido removidos para evitar la influencia de la
recolección de las asociaciones resultantes de las conexiones en
significado del tipo que existe en las palabras ordinarias. La repetición de sílabas sin sentido en pares o
series ilustra la asociación por continguedad o sucesión. Según
la mayoría de los escritores, los elementos de la experiencia se
asocian también a través de otros modos de relaciones, como su
similaridad o contaste de una con otra. No es la asociación por si misma la que es recordada.
Si no es a través de la asociación de una parte de la experiencia
con otra en la que la memoria parece trabajar, una tendencia
particular para recordar a otros que ha sido asociado de una o más
maneras. La recolección parece ocurrir al activar conexiones que
han sido formadas y retenidas. Las diferenciaciones modernas de las
asociaciones controladas y libres indican dos formas en las que
pueden ocurrir –ya sea por un propósito buscado del pasado o por
el azar aparente de recordar una cosa por otra. Los antiguos hacen
una distinción paralela entre reminiscencia y la xxxx. La formal es
un proceso en el cual la recolección se asemeja a la razón en su
procedencia paso por paso a través de una serie de términos
relacionados; la otra es mas parecida a soñar despierto o a una
fantasía espontanea. El segundo problema puede ser iniciado, tal vez, como
un misterio de la misma retención. Al describir la capacidad de la
memoria para almacenar las innumerables cosas
que no se encuentra en la mente en este instante, pero pueden
ser recordadas, los antiguos hablan de la memoria como “la bodega
de las imágenes”. Cada variedad de cosas que pueden ser
percibidas pueden ser “almacenadas en la vasta capacidad de la
memoria”, dice Agustín. La grandeza de la memoria se compenetra en un misterio
cuando preguntamos que significa literalmente la metáfora de la
bodega. ¿Dónde se encuentran las imágenes cuando no están en la
mente? Si una imagen es por naturaleza un acto de la conciencia,
entonces aprendemos objetos que no se encuentran inmediatamente
presentes ante nuestros sentidos, ¿Cómo existen las imágenes
fuera de la conciencia durante intervalos cuando no funcionan al
recordar, imaginar, o otros actos de conocimiento? Su regreso a la
conciencia parece implicar que han sido retenidas, pero cuando y
donde es el problema no resuelto por la metáfora de que las cosas
se almacenan en una bodega de gran capacidad. La bodega física no requiere de ninguna transformación
fundamental en el ser de las cosas que retienen entre periodos
cuando son utilizados. La memoria lo hace. Este problema de la
naturaleza y las causas de la retención donde James parece pensar
que puede ser resuelto solo en términos del poder de retención del
tejido nervioso –lo que él llama “retención fisiológica”—a
pesar de que en la perspectiva de otros el problema no se hace más
fácil (y pueden ser aun más complicado) cuando es transferido de
la mente a la materia. En cualquier punto de vista, parece no
existir duda que los cambios en el cerebro son de cierta forma
casualmente conectados con la actividad de la memoria y la imaginación,
especialmente la retención y el recuerdo. Aquinas, por ejemplo,
observa que la imaginación y la memoria pueden ser “afectadas por
una lesión de los órganos corporales... o por la letárgica”,
una observación muchas veces extendida por mas recientes
investigaciones de la patología del cerebro, enfocándonos en la
amnesia y la afasia. El trato que le da James a la retención como basado
en los caminos trazados en el cerebro, con el recuerdo como
resultado de las contracciones de estos caminos, tiende a enfatizar
la afinidad entre la memoria y el habito. Su teoría, discutida en
el capítulo de HÁBITO, en donde la plasticidad de la materia,
ciertamente la materia viviente, subraya al aprendizaje o a la
formación de hábitos, mientras que la inercia o la materia de
retención, especialmente la materia neural del cerebro, explica la
memoria y la persistencia de los hábitos durante periodos en
desuso, y parece así identificar a los hábitos y a la memoria. El patinaje sobre hielo después de muchos años de
ausencia del deporte es tan recordado como recitar un poema
encontrado en la memoria desde la juventud, es un ejercicio de un
viejo habito. No todas las concepciones de los hábitos y la memoria
permiten de eta fusión de ambas –o aun su afinidad como aspectos
relacionados del mismo fenómeno. Aquinas, por ejemplo, restringe a
la memoria como un acto del conocimiento. El desempeño popularmente
llamado “recitar de memoria” no es para el un acto de la
memoria, a pesar de que puede involucrar a la memoria si al recitar
estuviera acompañado por el conocimiento del tiempo y el lugar y la
ocasión cuando el poema fue inicialmente aprendido. Dicho
conocimiento no seria un recuerdo, sino recitarlo seria por si mimo,
no mas que el patinar sobre hielo. Estos desempeños representan el
ejercicio de los hábitos de las habilidades o las artes. Con este punto de vista, Aquinas plantea la
interrogante si el acto de conocimiento, el tipo involucrado en el
reconocimiento de una evidencia geométrica aprendida en algún momento temprano y ahora recordado en la mente, es
un acto de la memoria. El conocimiento de la evidencia que es
retenida por el intelecto durante periodos cuando no es ejercitado,
lo llama un habito intelectual o habito del conocimiento. ¿Pero la
recolección de este conocimiento retenido, o la activación de este
habito intelectual, también debería ser llamados un acto de la
memoria? Aquinas responde No, sobre las bases que ninguna referencia
al pesado necesita estar involucrada en el trabajo de un problema
geométrico resuelto en un tiempo anterior. Pero si el individuo
recuerda cuando inicialmente resolvió el problema, ese representa
otro caso. Aun así, Aquinas sostiene que “si en la noción de la
memoria incluimos su objeto como algo del pasado, entonces la
memoria no se encuentra en el intelecto, sino solo en la parte
sensitiva”. Se dice que le intelecto recuerdo solo en el sentido
que llama a una verdad retenida por el habito, y “no en el sentido
en el que entiende al pasado como algo de aquí y ahora”. La memoria es considerada en aun otra forma en relación
a verdades especulativas acerca de materias científicas o filosóficas.
La interrogante es el origen de dichos conocimientos. En la concepción
usual de la memoria como conocimiento de pasados particulares, un
tradicional punto de vista, encontrado en Aristóteles, mantiene que
“nuestra percepción sensorial se convierte en lo que llamamos
memoria, y las repeticiones de los recuerdos se desarrolla en
experiencia” –la experiencia generalizada que da lugar a la
inducción y a al aprendizaje universal. Pero en la tradición de
los grandes libros también encontramos a una concepción más
radical, tal vez una concepción
menos familiar de
la memoria como la principal fuente del conocimiento. Esta es la doctrina de Platon de la reminiscencia, en
la cual todo el aprendizaje es un tipo de recuerdo del conocimiento
presente en el alma. Todas las enseñanzas toman forma al ayudar al
aprendiz a recolectar cosas de las cuales no puede estar consciente
que las sabe, al recordarle a través de un proceso de preguntas que
despiertan al conocimiento latente en él. En el Meno,
Meno pregunta a Sócrates, “¿Qué quieren decir cuando dices que
no aprendemos, y a lo que llamamos aprendizaje es solo un proceso de
recolección?” Sócrates se aventura a mostrar a Menos lo que
quiere decir cuando toma a un joven esclavo que parece no conocer la
solución a cierto problema geométrico y al cuestionarlo, sin nunca
dar una respuesta, lleva al joven esclavo a encontrar la solución
correcta por sí mismo. Meno le asegura a Sócrates que el joven
esclavo nunca se le ha enseñado geometría. Si al joven no se le dijo la respuesta, debió saberla
siempre, y solo necesito de recordar lo que ya sabia. Sócrates
sugiere la explicación
de que el alma del joven siempre tuvo este conocimiento, trayéndolo
desde otra vida. Antes de que entendiera la demostración del joven
esclavo, Sócrates ya había propuesto esta hipótesis. “El alma,
siendo inmortal, y habiendo nacido de nuevo muchas veces, y habiendo
visto todas las cosas que existen... tiene conocimiento de todas
ellas; y no es sorpresa que es capaz de llamar al recuerdo todo lo
que sabe acerca de la virtud, y acerca de todo; a partir de que todo
en la naturaleza se relaciona, y el alma ha aprendido todas las
cosas, no existe dificultad en su existencia, o como el hombre lo
nombra, en su aprendizaje”. A pesar de que difiere de Platon en su concepción del
alma y el origen del conocimiento que innatamente posee, Agustin
paree mantener un similar punto de vista. Al examinar su propia
memoria, parece contener mucho que no ha sido implantado por la
experiencia sensorial. Ciertas cosas, referidas a palabras que él
entiende, dice él, “no me han alcanzado por ninguno de mis
sentidos corporales. No los he visto del todo, excepto en mi mente,
y no son sus imágenes las que guarde en mi memoria, sino los hechos
en sí”. Si las semillas del aprendizaje se encuentra en el alma
desde su creación, la memoria puede tomar de estas “razones
seminales” las completas frutas del conocimiento. La doctrina de la reminiscencia cambia el significado
de ambas, el aprendizaje y la memoria al mismo tiempo. Cuando el
aprendizaje consiste en recordar conocimiento no adquirido en eta
vida, entonces la actividad de la memoria no puede ser, como es
usualmente concebida, una recolección del conocimiento previamente
adquirido en esta vida a través del aprendizaje. Para poder
entender una doctrina en la que significados familiares son tan
profundamente alterados, es tal vez necesario entender el problema
que intenta resolver. El problema existe solo en aquellos que hacen una
absoluta distinción entre imágenes sensoriales particulares e
ideas universales o conceptos abstractos. Aquellos quienes, como
Hobbes, Berkeley, o Hume, niegan a las universales o abstracciones
como cualquier parte del contenido de la mente, y no ven ningún
problema en especial en el origen en esa parte del contenido de la
mente que no puede ser recibida como impresiones de los sentidos.
Las impresiones originales son de alguna forma externamente
causadas, y todo el
resto del contenido de la mente –sus imágenes y recuerdos y todas
las construcciones del tipo a las que Locke llama “ideas
complejas”—entonces surgen por derivación natural del sentido
original de impresiones. Pero aquellos quienes, por el contrario, mantienen que
las ideas o conceptos no son imágenes de ningún tipo, no pueden
evitar el problema de cómo la mente obtiene sus ideas. Una solución
a este problema atribuye existencia a las ideas como objetos
inteligibles, y atribuya a la mente el poder de tomarlos por intuición
directa, justo como los sentidos directamente capturan a los objetos
sensibles. Pero si las ideas, ya sea que existan o no fuera de la
mente, no pueden capturar intuitivamente, ¿entonces cual es el
origen de las ideas cuando la mente entiende a los objetos
inteligibles? A esta pregunta, la doctrina de la reminiscencia es
una respuesta. Otra respuesta es la doctrina de la abstracción,
formulada por Aristóteles y Aquinas. Locke y James también parecen
reconocer una distinción en tipo entre las abstracciones y otros
contenidos mentales, pero ellos no parecen encontrar la necesidad de
un poder especial para desempeñar el acto de abstracción de ideas
generales o conceptos universales de los particulares sensitivos de
la percepción y la imaginación. Aquinas, sin embargo, piensa que
una facultad especial llamada “el intelecto activo” debe ser
postulado para acreditar a las posesiones de la mente de las ideas o
conceptos donde por hecho comprenda lo que no puede percibir o
imaginar. Estas teorías son consideradas
en el capitulo de IDEAS Y MENTE. Pero solo como la doctrina
de la reminiscencia es relevante aquí por su papel en la discusión
de la memoria, también la doctrina de la abstracción que considera
a un intelecto activo es relevante a la discusión de la imaginación. “La imaginación”, Aristóteles escribe, “es
diferente de la percepción o del pensamiento selectivo, a pesar de
no encontrarse separado de la sensación o del juicio. Esta
actividad no es del mismo tipo de pensamiento que el juicio. Concibiendo a la imaginación como una actividad
dependiente de las actividades previas de los sentidos, Aristóteles
mantiene que la imaginación es “incapaz de existir separada de la
sensación”. En esto no difiere de otros sicólogos, sino el también
mantiene que el pensamiento racional, que para él es algo distinto
de la imaginación, no puede existir separado de la imaginación.
“Para el alma pensante las imágenes sirven como si fuera el
contenido de la percepción... Es por esto que el alma nunca piensa
sin una imagen”. Aristóteles aquí esta diciendo mas que una sola
facultad especial de la mente o las formas abstractas del universo
–o lo que Aquinas llama “las especies inteligibles”—de la
materia sensorial de las imágenes, o lo que Aquinas llama “el
fantasma”. Aristóteles es, además, insistiendo que en el acto del
entendimiento es siempre acompañado por actividad imaginativa. El
tipo de pensamiento que depende de la abstracción de ideas de las
imágenes también dependen de la presencia de imágenes cuando el
pensamiento se presenta. “La facultad del pensamiento”, dice Aristóteles, “piensa la forma en imágenes”; o como lo expresa
Aquinas, “para que el intelecto comprenda, no solo cuando adquiere
nuevo conocimiento, sino también cuando utiliza el conocimiento
previamente adquirido, existe una necesidad de actuar de la
imaginación... Debe necesariamente referirse a los fantasmas para percibir la naturaleza
universal existente en el individuo”. Agustín, por el contrario, se refiere a objetos que
“son reconocidos por nosotros en nuestras mentes, sin imágenes”.
Cuando consideramos a los números, por ejemplo, “no son su
imagen” la que guardamos en la memoria, “sino los hechos en sí”.
La interrogante de la falta de imágenes –de pensar abstractamente
sin el uso de imágenes—parece ser particularmente insistente en
ciencias como las matemáticas, metafísica y la teología, en donde
lo concebible puede ser no imaginable. Los objetos peculiares a
estas ciencias parecen requerir que el científico trabaje sin
imaginación, o, como Aquinas dice, “elevarse mas arriba de su
imaginación”. Esto puede ser verdadero aun en la física. Los átomos,
según Lucrecio, son concebibles, pero no son más imaginables ni
perceptibles. Si necesitamos a las imágenes para poder pensarlas,
debemos usar la imaginación en una forma metafórica, imaginándonos
al átomo como la partícula más pequeña imaginable. La teoría de Aristóteles en donde la operación del
pensamiento siempre depende en actos de la imaginación, no implica
que la imaginación esta siempre acompañada por pensamientos
abstractos o racionales. Normalmente, el pensamiento humano y el
conocimiento es un trabajo que combina al sentido y al intelecto,
ambas razón e imaginación, pero algunas veces
la imaginación del hombre puede estar activa sin el juicio o
la razón. Los animales brutos, según Aristóteles, son grandemente
guiados por su imaginación “por
su falta de existencia de la mente”. Pero cuando la
imaginación toma el lugar en el pensamiento del hombre, es “por
que el eclipse temporal de sus mentes por las pasiones, la muerte o
el sueño”. El soñar parece ser el caso de la imaginación
divorciada del juicio de la razón o del control. Ha sido por mucho
tiempo sospechado que los animales también sueñan, pero la
interrogante si pueden distinguir sus sueños de sus percepciones
despiertas puede ser improbable. Filósofos y sicólogos se han, sin embargo,
preguntandose así mismos si existe alguna forma de ser certero en
la diferencia entre el pensamiento despierto y los sueños. Descartes, por ejemplo, pregunta “¿Cómo sabemos
que los pensamientos que vienen en los sueños son más faltos que
aquellos que tenemos cuando estamos despiertos? Parece para el que
“no existen indicaciones precisas por las cuales podamos
distinguir claramente el sueño y el estar despierto”. Aun al
escribir estas palabras, no puede convencerse así mismo que se
encuentra soñando. Aun así no encuentra una señal probable para
distinguir el sueño de estar despierto. “Nuestra memoria”, él
observa, “nunca puede conectar a nuestros con otros, o con el
curso completo de nuestras vidas, al unir eventos que nos sucedieron
mientras nos encontrábamos despiertos”. Aquinas encuentra otra evidencia de esta diferencia.
Cuando un hombre esta completamente dormido, no sueña del todo, su
imaginación se encuentra inactiva al igual que sus sentidos y su
mente. Pero cuando el sueño pasa gradualmente al despertar, sus
facultades empiezan a actuar de nuevo, no meramente la imaginación
sino la razón también. Aun así, el sentido común permanece
parcialmente suspendido, entonces, a pesar de que discrimina a
algunas imágenes de la realidad, siempre se desvía en algún
sentido en particular. Aun cuando un hombre se encuentra dormido,
sus sentidos e imaginación no pueden ser libres, y similarmente el
juicio e su intelecto se ve afectado, a pesar de no
completamente”. Dejando por fuera las interrogantes de la verdad y la
falsedad, o la realidad e ilusión, la naturaleza y las causas del
sueño son temas comunes en la tradición dl pensamiento occidental.
Mientras diferentes suposiciones se hacen concerniendo a la
causa de los sueños, muchas diferentes interpretaciones son dadas
de su contenido. Cuando se supone que un sueño esta inspirado por los
dioses o una visita divina, se convierte en un medio de divinidad o
profecía –una forma de predecir el futuro, o de saber en general
cual es la intención de los dioses. En los grandes libros de la
antigua poesía e historia, y como en El Viejo Testamento, los sueños,
como oráculos, son interpretados como eventos supernaturales, y
figuras como una de las principales fuentes de profecías.
Con respecto a los sueños proféticos como meras
coincidencias, no encuentra sorprendente que “muchos sueño no se
llegan a cumplir”. Desde
que el hecho en el que “algunos animales menores también sueñan”,
él piensa, “puede concluirse que los sueños no son enviados por
Dios, tampoco son designados con un propósito para revelar el
futuro”. En su lugar, Aristóteles propone causas naturales para
el origen de los sueños. Pequeñas estimulaciones de los órganos
de los sentidos despiertan al proceso de los sueños y determina su
contenido. Lucrecio similarmente explica a los sueños a través de
causas naturales, pero atribuye su contenido a eventos que han
dominando el pensamiento de la vida despierta. En la tradición de los grandes libros, los escritores
modernos como los antiguos son atraídos hacia la sensación y a la
memoria como la causa natural del origen y contenido de los sueños.
Pero, excepto al soñar despierto o las fantasías despiertas, ellos
no observan que el soñar sea mas profundamente un producto del
deseo. Si las visiones extraordinarias de Freud sobre este punto son
apoyadas por toda la evidencia que incluye en su gran trabajo, La
Interpretación de los Sueños, entonces el descubrimiento
latente puede ser pensado como más extraordinario que la misma teoría. La teoría no es simplemente el contenido de los sueños
que son determinados por los deseos. Por el contrario, la teoría de
Freud del simbolismo de los
sueños mantiene que “el sueño recordado no es verdadero del
todo, sino un substituto distorsionado”. Por debajo de lo que llama “el contenido
manifiesto” –las imágenes en movimiento que ocupan la
consciencia del sueño—recae “el sueño-pensamiento latente”
que es distorsionado en el sueño en sí. Como el lenguaje ordinario contiene símbolos
convencionales, también Freud encuentra que la recurrencia una y
otra vez de ciertas imágenes en los sueños de los pacientes neuróticos,
y también de las personas normales, les dan el carácter de símbolos
convencionales. “El numero de cosas que son representadas simbólicamente
en los sueños no son”, según Freud, “grandiosas”. Existe,
dice él, “el cuerpo humano como un todo, padres, hijos, hermanos
y hermanas, nacimiento, muerte, desnudez –y una cosa más. La única
típica, es decir, regularmente ocurrente, representación de la
figura humana como un todo es aquella del hogar... Cuando las
paredes son suaves, la casa representa a un hombre; cuando tiene
balcones, representa a una mujer. Los padres aparecen en los sueños
como emperadores y emperatrices,
rey y reina, u otros personajes... los niños y los hermanos con menos
tiernamente tratados, siendo simbolizados por pequeños animales. El nacimiento es casi invariablemente representado con
alguna referencia al agua...
Para la muerte hemos escogido un viaje
o travesía por tren. Las ropas
y los uniformes representan la desnudez”. Una cosa mas, que menciona
Freud en su enumeración, comprende a los órganos sexuales y a los
actos. En contraste con todos los demás, estos, él dice, “están
representados por destacado y rico simbolismo... A abrumadora mayoría
de los símbolos en los sueños son símbolos sexuales”. Freud destaca por que sería un error tratar a los símbolos
de los sueños como palabras de un lenguaje ordinario. “El
objetivo no es cualquier cosa a cualquiera; no son un medio de
comunicación; por el contrario, es importante para ellos no ser
entendidos”. Mantener su secreto de dichos simbolismos es un logro
sobresaliente. Aristóteles hace notar, y Freud lo cita, que “el más
capaz interprete de los sueños es el que posee la facultad
de observar las similitudes”, parece haber nacido en el método
Freudiano del descubrimiento del contenido latente de los
simbolismos de los sueños. Pero el uso terapéutico de Freud de lo
que puede ser descubierto hace del método psicoanalítico una cosa
totalmente desanticipada por cualquiera de sus predecesores. |