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Es una imágen
simbólica de la ciencia, de la filosofía, como saber eterno, philosophia perennis. Lo pintó Raffaelo Sanzio (1483-1520) por
encargo del Papa Julio II para decorar su Biblioteca, en la Stanza
della Segnatura del
Vaticano. Rafael tenía veinticinco años cuando pintó este fresco. Al mismo
tiempo, Miguel Angel estaba decorando la Capilla Sixtina.
Momento crucial del arte del Renacimiento.
Presiden el inmenso fresco Platón y Aristóteles, dialogando y sosteniendo
cada uno de ellos una de sus obras (El Timeo y la
Ética); en el conjunto del fresco están representados otros filósofos y
eruditos griegos. El gesto de Platón, señalando hacia el cielo (el idealismo
platónico) parece ser contradicho por el de Aristóteles (el realismo). Es,
naturalmente, una recreación fantasiosa de lo que pudo haber sido la Academia de Platón.
Pitágoras, en cambio, está representado en primer plano concentrado en
explicar el diatesseron en el libro; recostado en
los peldaños con la escudilla es Diógenes, mientras que apoyado en un bloque
de mármol, ensimismado en escribir en una hoja, se halla el filósofo
pesimista Heráclito, que se parece a Miguel Ángel,
quien estaba pintando por aquellos años la contigua Capilla Sixtina. A la derecha, se pueden ver Euclides,
que enseña geometría a sus alumnos, Zoroastro con el globo celeste, Tolomeo
con el terráqueo, y por último, en el extremo derecho, el personaje con la
gorra es el autorretrato de Rafael.
La pintura de Rafael alcanza un grado sublime en esta obra, posiblemente la
más famosa de su producción. Cuando el espectador contempla el fresco en la Estancia de la Signatura se introduce
en el mundo clásico y aprecia el movimiento de los diversos personajes
pintados por Sanzio, obteniendo un insuperable
resultado. La Escuela
de Atenas simboliza la
Filosofía, situándose frente a la Disputa del Sacramento.
El maestro ha introducido la escena en un templo de inspiración romana,
posiblemente siguiendo los proyectos de Bramante para la basílica vaticana,
enlazando con la idea del templo de la Filosofía evocado por Marsilio
Ficino. Las figuras se sitúan en un graderío,
formando diversos grupos presididos por los dos grandes filósofos clásicos:
Platón, levantando el dedo y sosteniendo el "Timeo",
y Aristóteles, tendiendo su brazo hacia adelante con la palma de la mano
vuelta hacia el suelo con su "Ética" sujeta en el otro brazo,
representando las dos doctrinas filosóficas más importantes del mundo griego:
el idealismo y el realismo. Ambos personajes dialogan y avanzan ante un grupo
de figuras que forman un pasillo. A la izquierda encontramos a Sócrates
conversando con un grupo de jóvenes; en primer plano aparece Zenón con un
libro que sostiene un niño mientras lee Epicureo;
sobre la escalinata se sitúa Heráclito, tomando la
efigie de Miguel Ángel por modelo posiblemente como homenaje a la decoración
de la Sixtina;
Diógenes echado sobre las escaleras; a la derecha Euclides
junto a sus discípulos midiendo con un compás; Zoroastro y Ptolomeo con la
esfera celeste y el globo terráqueo respectivamente. En estas figuras se ha
querido ver la representación de las disciplinas que componían el "Trivium" y "Quadrivium".
Los diferentes grupos de personajes se ubican de manera simétrica, dejando el
espacio central vacío para contemplar mejor a los protagonistas, recortados
ante un fondo celeste e iluminados por un potente foco de luz que resalta la
monumentalidad de la construcción. En las paredes del templo contemplamos las
estatuas de Apolo y Minerva así como las bóvedas de casetones y los espacios
abiertos que dominan el edificio, creando un singular efecto de perspectiva. Vasari dijo refiriéndose a Rafael: "fue en la
composición de las historias tan fácil y rápido que competía con la palabra
escrita". Esta referencia es perfectamente aplicable a esta escena donde
los gestos, las expresiones o los movimientos de las figuras están
interpretados con sabiduría, creando un conjunto dotado de gracia y
vitalidad. Los colores son muy variados, utilizando brillantes tonalidades
con los que refuerza la personalidad de las figuras y la variedad y
monumentalidad del conjunto. Con esta imagen, Sanzio
demuestra la superación definitiva de los modelos florentinos iniciando su
floreciente periodo romano.
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