Cada festividad navideña y celebración por el inicio de un
nuevo año nos obliga a reflexionar acerca del origen de nuestras vidas y de
nuestra comunidad, la situación en que nos encontramos en lo personal y como sociedad y el rumbo de
nuestras vidas como individuos o familias y el destino de nuestra nación.
Sabemos cuantas limitaciones
materiales y espirituales han predispuesto el estado actual de grave deterioro
de las mayorías y de la sociedad mexicana, el constante y creciente desequilibrio que provocan quienes
detentan el poder político y económico y la grave pasividad e irresponsabilidad
de los medios en este proceso y la profunda transformación que requieren las
instituciones educativas y la iglesia
para enfrentar estas difíciles circunstancias que nos obligan a todos a redefinir
nuestro papel como individuos y sociedad.
En los EEUU, Barak Obama, nuevo
presidente asumirá un papel que promete cambios sustanciales y el
reposicionamiento de esa nación como líder del mundo occidental después de un
proceso electoral que nos dejó muchas enseñanzas. Nuestro presidente Felipe
Calderón, después de realizar ajustes de rumbo y personas en su proyecto de
nación encamina sus decisiones a reconstruir los graves daños que la
inactividad, la ignorancia, la corrupción, la violencia y la incapacidad han
ocasionado en casi todos los segmentos sociales del país.
El 2009 nos dará una nueva
oportunidad para elegir a nuevos gobernantes y representantes y tendremos la
opción de definirnos por quien tenga mejores antecedentes educativos y
personales, independientemente del partido y grupo económico que represente y sin
que permitamos que la mercadotecnia nos manipule y considerando las graves fallas del sistema
de partidos.
Ante este panorama viene nuevamente a llamarnos a la
reflexión el mensaje cristiano navideño y cuán importante es tener una visión que conduce muchas de las acciones de los
individuos y familias del mundo occidental por los caminos del amor, la paz, el
respeto, la caridad, la esperanza, la prudencia, la verdad, la libertad, la
vida, la salud, la sabiduría, la
confianza, el valor, la solidaridad, la generosidad, la compasión, el perdón,
la paciencia, el bien, la fe, la espiritualidad, el respeto, el ánimo creativo, la lealtad, el
agradecimiento, la alegría, la unión, la fidelidad, la responsabilidad, la
justicia, el trabajo honesto, todos principios esenciales de la sabiduría
cristiana que se contiene en el mensaje renovado en este tiempo, tiempo de
reencuentros, de reconsiderar, de revalorar y reconsiderar las acciones pasadas
para reemprender el camino que nos enseñan las mejores ideas y los mejores
maestros.
Diciembre de 2009