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Heráclito (544 adC - 484 adC) |
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Hijo de Blosón, natural de Éfeso, llamado "el oscuro", fue un filósofo griego. Lo que se conoce de su vida y los pocos fragmentos que se conservan de su obra, son testimonios o citas en obras de otros autores. Se dice que fue discípulo de Jenófanes y que fue ermitaño durante un tiempo. También dicen que Heráclito, al enfermar de hidropesía, untó su cuerpo con estiércol y luego permitió que el sol lo secara. Mientras estaba así, se aproximaron algunos perros, que lo despedazaron. Se puede decir que el legado de la obra de Heráclito es netamente aforístico. Su estilo remite a las sentencias del Oráculo de Delfos y reproduce la realidad ambigua y confusa que explica, usando el oxímoron y la antítesis para dar idea de la misma. Diógenes Laercio (en Vidas, IX 1-3, 6-7, 16) le atribuye un libro titulado "Sobre la naturaleza", que estaba dividido en tres secciones, una sobre el universo, otra política y otra teológica. Es común incluir a Heráclito entre los primeros filósofos físicos (f?s????, como los llamó Aristóteles), que pensaban que el principio de todas las cosas era algo material (como el agua para Tales, el aire para Anaxímenes), y este error se debe a que para Heráclito, este principio es el fuego, lo cual no debe leerse en un sentido literal sino que debe ser interpretado, como cualquiera de sus sentencias. El principio del fuego refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina logos. Este logos no sólo rige el devenir del mundo, sino que le habla al hombre, aunque la mayoría de las personas "no saben escuchar ni hablar". El orden real coincide con el orden de la razón, una "armonía invisible, mejor que la visible", aunque Heráclito se lamenta que la mayoría de los hombres vivan relegados a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien Heráclito no despecha el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia, como afirma en el siguiente fragmento: "Se engañan los hombres acerca del conocimiento de las cosas visibles, de la misma manera que Homero, que fue considerado el más sabio de todos los griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo engañaron, diciéndole: cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos, tantos llevamos". Al uso de los sentidos y de la inteligencia, hay que agregarle una actitud crítica e indagadora. La mera acumulación de saberes no forma al verdadero sabio, porque para Heráclito lo sabio es "uno y una sola cosa", esto es, la teoría de los opuestos. Quizás el fragmento más conocido de su obra dice: "En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos". El fragmento (citado con frecuencia erróneamente como no se puede entrar dos veces en el mismo río, siguiendo a la versión que da Platón en el Cratilo) ejemplifica la doctrina heraclítea del cambio: el río que no deja de ser el mismo río ha cambiado sin embargo casi por completo, así como el bañista. Si bien una parte del río fluye y cambia, hay otra (el cauce, que también debe interpretarse y no tomarse en un sentido literal) que es relativamente permanente y que es la que guía el movimiento del agua. Algunos autores ven en el cauce del río el logos que "todo rige", la medida universal que ordena el cosmos, y en el agua del río, el fuego. A primera vista esto puede parecer contradictorio, pero debe recordarse que Heráclito sostiene que los opuestos no se contradicen sino que forman una unidad armónica (pero no estática). Es razonable, entonces, que la otra cara del agua sea el fuego, como él mismo lo adelanta en sus fragmentos. A pesar de que existen ciertas similitudes entre Heráclito y Parménides, las doctrinas de ambos siempre han sido contrapuestas, ya que la del primero suele ser llamada "del devenir" o (con cierto equívoco) "del todo fluye", mientras que el ser parmenídeo es presentado como una esfera estática e inmóvil. |